Una de las muchas expresiones que ha aflorado este virus es la concepción de que la administración, sin la comunidad, es incapaz de dar respuesta a los grandes retos de la sociedad.

Hoy se cumple apenas una semana desde que recogimos a nuestras hijas e hijos al salir de clase con la incertidumbre de no saber cuándo iban a volver. Aquella tarde intuíamos que las medidas de confinamiento de Italia no tardarían en llegar. Sólo unas pocas horas después, al día siguiente, muchos y muchas decidíamos que nos adelantábamos a las medidas que entendíamos que en breve iban a llegar, confinándonos en nuestra casas, sin salir. Es más, en esa situación pensábamos que se estaba tardando en la adopción de la medida de confinamiento, y que de nada servía que nos alentaran a no salir de casa pero que no obligaran a esa medida, porque había quienes no respondían a las recomendaciones. Vamos, que  entendíamos que estábamos perdiendo el tiempo.

Fue ya en ese mismo día donde los Ayuntamientos empezaban a realizar solicitudes de voluntarios para dar respuesta a las necesidades de las personas mayores, incluso hubo algún Ayuntamiento que lo hizo conjuntamente con los y las jóvenes del municipio. Y todo ello, previo a la declaración del estado de alarma y a la medida de confinamiento. Posteriormente más ayuntamientos se han sumado a esa u otras iniciativas.

Ciertamente, creo que no es de extrañar afirmar que en esas primeras horas había quienes sentíamos que la ciudadanía, y las instituciones más cercanas a ella, se estaban adelantando a los acontecimientos, e incluso se estaban adelantando a las medidas institucionales y públicas que después iban a llegar. Podríamos decir, que fueron por delante de ellas.

Y muy probablemente esa sea una de las muchas expresiones que ha aflorado con el COVID-19. Este virus ha aflorado el problema de los cuidados – de menores y mayores -, la importancia de la sanidad pública, la importancia del poder del Estado para hacer valer los intereses generales frente a los particulares en una situación de extrema gravedad, la importancia de los trabajos precarizados y vinculados con la mujer – dependientas, cuidadoras, etc. –, pero también, la concepción de que la administración, sin la comunidad, es incapaz de dar respuesta a los grandes retos de la sociedad.  

Es la comunidad a la que pertenecemos la que se adelantó a los acontecimientos, la que empezó a dar respuesta incluso antes de que llegaran medidas de otras instituciones. Es la comunidad, la que incluso a riesgo de su propia salud, está cuidando a la propia comunidad en los hospitales, en las tiendas de alimentación, en el transporte, en el voluntariado, etc. Es la comunidad la que inició el gesto de aplaudir a las y los médicos, enfermeras, limpiadoras, celadoras, etc., y la que cada noche sigue aplaudiendo con emoción. Y es esa misma comunidad la que se emociona, la que se emociona en comunidad, la que necesita de la comunidad. Porque en esta adversidad es la comunidad la que nos está otorgando la seguridad que necesitamos.

Pues sí, es la comunidad la que está dando respuesta a uno de los mayores desafíos que tenemos en los últimos años y décadas. La misma comunidad que en otros tiempos y contextos demandaba, y la que ahora responde, la que exigía y la que ahora da. Es la misma.  

James Carville, asesor de Bill Clinton en la campaña que en 1992 le llevó a la Casa Blanca, acuñó la siguiente frase que después se hizo popular: “Es la economía, estúpido”. Pretendía llevar el debate a cuestiones de la vida cotidiana de la gente, frente a esa tendencia de George H.W.Bush (padre) de situarla en la política exterior con la Guerra Fría o la Guerra del Golfo Pérsico que tanta popularidad le dio. Pues bien, ahora podemos decir, que “es la COMUNIDAD, estúpido”, frente a la tendencia de pretender individualizarlo casi todo, o debates que buscan despistar. Es la comunidad la que está salvando a la propia comunidad.

Desconocemos cuáles van a ser los acontecimientos en los próximos días y semanas. Y esa situación nos genera una enorme incertidumbre. Pero creo que existe una gran diferencia entre esta crisis que se estima que vendrá, y la crisis del año 2008. Porque la crisis del año 2008 partía del individualismo, y salvo algunas expresiones que modificaron el panorama político, no cambió en esencia ni sigue cambiando el carácter individualista de la sociedad. No sabemos si ésta lo va hacer, es pronto para ello y desconocemos cuánto va a durar. Pero lo que sí sabemos es qué es lo que ya ha cambiado. Y ha cambiado la necesidad de buscar en la comunidad la protección y la seguridad que necesitamos. Y creo, que para empezar, ya es una gran diferencia.

«Es la comunidad, estúpido!»

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