Pero, ¿cómo identificar el fascismo? A este respecto,  merece la pena mencionar el interesante libro titulado “Facha”, escrito por el estadounidense Jason Stanley. Este autor ha estudiado en profundidad los movimientos fascistas del siglo XX, así como los actuales. Estudia el movimiento fascista de la Alemania nazi y lo equipara a las políticas de Donald Trump, a las de Hungría, Polonia, o a los discursos de líderes como Marine Le Pen. Para identificar al fascismo, según el autor hay 10 rasgos fundamentales.

El reciente debate en la cadena SER entre las y los candidatos a la Comunidad de Madrid, con la salida de Pablo Iglesias primeramente, y Ángel Gabilondo y Mónica García después, ha situado el marco del debate en Madrid en unos nuevos parámetros totalmente diferentes a los anteriores. Veníamos de un marco discursivo acuñado con gran agudeza por la candidata del Partido Popular de “comunismo o libertad” (al que podríamos añadir el cartel de VOX, vinculado al orden y la seguridad). Creo sinceramente que se trataba de un marco discursivo que conectaba con el sentir de muchas personas en lo referente a la libertad o la seguridad y, sobre todo, en este contexto de pandemia. Un marco discursivo al que el bloque progresista entró, intentando combatirlo, pero desde la resistencia, sin darse cuenta que lo único que hacían era reforzarlo.

Lo ocurrido en la cadena SER ha supuesto un cambio radical del propio marco discursivo. Se ha pasado del marco de “comunismo o libertad” al marco de “democracia o fascismo”, dejando en fuera de juego en gran parte a la propia Isabel Díaz Ayuso. Ha resituado a todo el bloque progresista y al propio debate, y creo sinceramente, que gran parte del mérito de ello corresponde al propio Pablo Iglesias.

¿Pero podríamos hablar realmente de “democracia o fascismo”? Hay a quién le cuesta utilizar la palabra fascismo para dirigirse a grupos políticos concretos del panorama político, considerando que fascismo fue otra cosa. Pero, ¿cómo identificar el fascismo? A este respecto,  merece la pena mencionar el interesante libro titulado “Facha”, escrito por el estadounidense Jason Stanley. Este autor ha estudiado en profundidad los movimientos fascistas del siglo XX, así como los actuales. Estudia el movimiento fascista de la Alemania nazi y lo equipara a las políticas de Donald Trump, a las de Hungría, Polonia, o a los discursos de líderes como Marine Le Pen. Para identificar al fascismo, según el autor hay 10 rasgos fundamentales.

No vamos a entrar en cada uno de esos rasgos, pero sí al menos a identificar algunos en el debate político del Estado. Y sin duda hay uno que emerge con gran intensidad, que es el ideario patriarcal. Según Stanley el feminismo es una gran amenaza para la ideología fascista, porque el fascismo traslada el ideario patriarcal a lo que pudiera llegar a ser el ideario de país. En su ideario de país la figura del líder es equivalente a la del padre en la familia patriarcal tradicional. El líder es el padre de la nación, y su fuerza y poder son la base de su autoridad. Los valores patriarcales son el corazón del propio fascismo por lo que el feminismo supone una gran amenaza, de forma que el feminismo y el fascismo se encuentran estrechamente vinculados. Cuanto más feminista sea el país, menos arraigados se encontrarán los valores que propician la ideología fascista. Con facilidad podemos identificar posicionamientos de líderes políticos que atacan al feminismo, hablando de “feminazis”, denuncias falsas, equiparando machismo y feminismo, o atacando la ley de la violencia de genero.

Otro de los rasgos es la propaganda. El fascismo no entra en el debate político, el fascismo entra en el insulto, y luego se queja porque se ataca supuestamente su libertad de expresión. No hay más que ver el debate de la cadena SER y la actitud mantenida por la representante de VOX. El fascismo no propicia el debate público, sino lo aniquila. Y soy consciente que éste es un tema controvertido, es decir, si se entra o no a debatir con la ultraderecha. Habrá incluso quién se remita a John Stuart Mill, que defendía que silenciar cualquier opinión, aunque sea falsa, es una decisión equivocada. Que el conocimiento surge “del choque de la verdad con el error”

Al hilo del debate en la SER, Edurne Portela, citando a Ece Temelkuran, decía que “debatir con la ultraderecha es como jugar al ajedrez contra una paloma: la paloma derribará todas las piezas, se cagará en el tablero y luego saldrá volando, atribuyéndose orgullosa la victoria y dejándote a ti la tarea de tener que limpiar la mierda”. La libertad de expresión posibilita el debate público, es la expresión del debate público, y utilizarla para aniquilar ese debate es algo diferente a la libertad de expresión. De ahí la necesidad de reflexionar sobre los espacios que se le otorgan a la ultraderecha en nombre justamente de la libertad de expresión, no vaya a ser que se cumpla la profecía de Joseph Goebbels – ministro de propaganda nazi – que decía que “una de las mayores bromas de la democracia siempre será que les dio a sus más acérrimos enemigos los medios necesarios para destruirla”.

Pero si hay algo que caracteriza a la ideología fascista es la construcción de un ideario sobre el victimismo. Primero se construyen irrealidades a base de fake news, para después situarse en el victimismo. Se repite una mentira en repetidas ocasiones hasta el punto de transformar la imagen de la realidad, dejando la sospecha y la duda sobre ella por medio del miedo. Construye su ideario sobre teorías conspiratorias. Es el ejemplo de la Alemania nazi con los judíos, o más recientemente de Donald Trump con teorías conspiratorias sobre el fraude electoral. Pero algo parecido podríamos encontrar en el caso del Estado Español, tanto con teorías conspiratorias que pretenden deslegitimar al gobierno – por ejemplo negando la existencia de cartas amenazantes con balas cetme, o incluyendo permanentemente a ETA en el debate -, como con el cartel que titula “Un mena 4700 euros al mes, tu abuela 426 euros pensión/mes”. Sobre la base de los fake news se va construyendo una idea victimista argumentando una desigualdad respecto a su grupo de pertenencia.

Y así podríamos seguir con otros rasgos de la ideología fascista que nos sorprendería por lo cercanos que se nos pudieran hacer. Porque un régimen puede no ser fascista, pero sí aplicar políticas fascistas. Y es por ello por lo que me importa lo que vaya a ocurrir en Madrid el 4 de mayo. No soy de Madrid, pero me preocupa lo que está ocurriendo en Madrid. No puedo abstraerme de las elecciones del 4 de mayo, ni por cuestiones de solidaridad, ni siquiera por propio interés.

Dice Isaac Rosa que “las derivas fascistas del discurso político no arrancan en España desde cero. En España el terreno está más que sembrado, históricamente sembrado. Hay que recordar una vez más que la española es la única democracia de Europa que no se construyó sobre la derrota del fascismo. (…) Aquí, cualquier discurso antidemocrático encuentra rápido arraigo social en la mentalidad residual que dejaron cuarenta años de dictadura franquista, cuyo marco interpretativo sigue siendo utilizado a diario por no pocos ciudadanos cuando se trata de discutir el conflicto territorial, los asuntos de orden público o el poder de la iglesia católica”.

De ahí la importancia de los marcos discursivos en esta campaña electoral. Porque el marco de “comunismo o libertad” conecta con una serie de valores que se encuentran impregnados en un espacio sociológico nada desdeñable. Combatir en ese marco solo ayuda a fortalecerlo. Sin embargo, combatir en el marco de la “democracia”, ayuda a conectar también con muchos valores impregnados en la sociedad.

Son tiempos excepcionales, porque la amenaza del fascismo en Europa cada día es más real. Y en tiempos excepcionales, uno tiene que ser primero consciente de ello, y segundo saber quiénes son sus aliados. Si se actúa como si siguiéramos en una situación de normalidad, sin ser conscientes de la amenaza que se nos acerca, sólo logramos permitir abrir camino a esa amenaza. Vivimos tiempos que se asemejan a los tiempos prebélicos del siglo XX. Sería aconsejable construir esta vez sí, un bloque progresista sobre nuevos valores democráticos, incluidos los aspectos territoriales, para frenar la amenaza que ya tenemos encima. No vaya a ser que para cuando nos demos cuenta ya sea demasiado tarde.  

Pues sí…. me importa lo que ocurra en Madrid

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