Empezamos el primero de una serie de posts, quizás con una pregunta un tanto provocadora, pero que formulada en términos de aprendizaje, sería la siguiente: ¿qué necesitamos para contar con aliados/as que hagan posible o faciliten construir un proceso sobre la base del enfoque de las misiones?

El proceso que estamos implementando dentro del concurso de experimentos de co-creación de Arantzazulab, se fundamenta en la idea de Mariana Mazzucato de la “Innovación orientada por misiones”, y en su aplicación a un caso concreto de ámbito local. Y así, aterrizamos en Galdakao, con la siguiente idea: que el personal técnico y político del Ayuntamiento de Galdakao llegue a definir dos misiones ligadas a dos retos de Galdakao (cambio climático y diversidad cultural), para co-crear conjuntamente con la ciudadanía y con los agentes de Galdakao las ideas de proyectos que harán posible llegar a las citadas misiones. Esta sería una primera fase, que en función de sus resultados, abriría la posibilidad de continuar con el proceso abierto a nuevas misiones compartidas con la ciudadanía.

Porque hablamos de las sociedades permanentemente cambiantes, de la necesidad de la co-creación, de cambios de mentalidades y de paradigmas, pero quizás a veces en círculos muy reducidos. Y cuando salimos de estos círculos nos encontramos con esa realidad de estructuras institucionales con inercias muy profundas para las que la co-creación es algo así como hacer lo mismo pero duplicando el esfuerzo, hacer algo previsible pero con cambio de nombre y con alguna pequeña novedad

A fecha de hoy, el trabajo de definición de las misiones dentro del Ayuntamiento ha finalizado, y nos encontramos inmersos en el proceso de co-creación junto con los agentes y la ciudadanía de Galdakao. Podríamos decir que esa primera fase interna sería como el ascenso al campamento base, sobre el que se construye el resto del proceso. Para ello, necesitamos confluir energías y alianzas que nos ayuden en ese proceso. Y en esto se concentra nuestra primera reflexión y aprendizaje.

Un ayuntamiento no es solamente la institución que tiene la capacidad de decidir sobre las políticas locales, sino que además, se convierte en el elemento puente de conexión con la ciudadanía. Para ello, se necesita un liderazgo determinante y compartido, no solo político, sino también técnico, para que un proceso de esta complejidad pueda llevarse a cabo. Y ahí nos encontramos con la primera dificultad, que es la de llegar a entender e integrar la naturaleza del proceso y hacerla convivir con la realidad del ámbito político/técnico. Porque hablamos de las sociedades permanentemente cambiantes, de la necesidad de la co-creación, de cambios de mentalidades y de paradigmas, pero quizás a veces en círculos muy reducidos. Y cuando salimos de estos círculos nos encontramos con esa realidad de estructuras institucionales con inercias muy profundas para las que la co-creación es algo así como hacer lo mismo pero duplicando el esfuerzo, hacer algo previsible pero con cambio de nombre y con alguna pequeña novedad.

Por lo tanto, nuestro primer aprendizaje reside en que quizás antes de ir a definir las misiones, necesitamos generar pequeñas transformaciones personales que permitan la permeabilidad al cambio, la apertura a lo experimental, lo imprevisible y al aquí y ahora. Conectarnos con un propósito compartido, un horizonte en común deseable y una pre-disposición a lo nuevo. Esto se podría traducir en espacios disponibles de escucha, definición y actuación por parte del equipo político-técnico. Se podría traducir en la necesidad de innovar más allá de las conocidas planificaciones de las administraciones, o incluso, de su día a día, que dificultan en muchos casos la generación de espacios más incontrolables, espacios que aborden lo complejo y lo sistémico de los retos actuales. Pero a su vez, cualquier proceso de estas características, tendrá que saber combinar o permitir la coexistencia de una lógica de planificación con una lógica de innovación orientada al cambio, ser conscientes de la necesidad de generar transiciones que puedan hacer permeabilizar el propio proceso.

Resulta muy difícil llevar a cabo procesos de co-creación con la ciudadanía, que sean innovadores e incluso transgresores, si no sabemos exactamente hacia dónde queremos caminar. Para ello, es necesario ir más allá y trasladar ese propósito de la administración a un propósito o sentido personal. En definitiva, para desarrollar un proceso de co-creación, necesitamos de personas que hayan integrado su papel como agentes del cambio y que estén cargadas de grandes dosis de motivación.

Otro aprendizaje es la clara necesidad de compartir otro tipo de conocimiento sobre el terreno. Conocer la ciudadanía desde otros enfoques y perspectivas, más allá de realidades cualitativas, de lo realizado en el pasado o de lo asociativo, entenderla desde su diversidad, su comunidad, sus rutinas, necesidades, deseos, frustraciones, barreras, límites… del presente. Posicionar al personal técnico y político en una nueva postura, abierta y activa que explora, conecta o co-crea, y así construir la base necesaria para iniciar el trabajo por misiones o cualquier otro proyecto relacionado con co-crear, colaborar, compartir, comunicar o acoger. En definitiva, convertirnos nosotras también en mejores garantes y acompañantes de mejores procesos.

¿Quiénes son nuestros aliados y cómo trabajar desde una visión compartida?

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