Porque llevado a los extremos podemos encontrar dos tipos de modelos de policías: la autoritaria, que tiene una función represiva; y la profundamente democrática, que es la policía que se incorpora a la comunidad, que es de proximidad, y guiada por la labor preventiva.

La agresión de la Ertzaintza, la pasada semana, al sindicalista de CCOO Javi Gómez, culminó dos semanas de polémicas en torno a las actuaciones de la Ertzaintza, que comenzaron con la decisión del Tribunal Supremo en el caso Cabacas, y continuaron con los incidentes de la parte vieja de Donostia. Para el sindicalista de CCOO “es inadmisible que traten de convertir un conflicto laboral en uno de orden público”. Y resulta llamativo que en el caso de los hechos ocurridos en la parte vieja de Donostia ocurre justo lo contrario, es decir, se pudiera pensar que se ha tratado de convertir una cuestión de orden público en un conflicto político.

Pero existe una gran diferencia entre los hechos de la parte vieja y los ocurridos contra los trabajadores de PCB. En el primer caso, la actuación de la Ertzaintza no fue cuestionada y los términos del debate se situaron en términos del pasado. En el segundo caso, era la proporcionalidad de la actuación de la Ertzaintza lo que se medía, incluso con palabras de perdón del propio Lehendakari, criticado por algún sindicato de la Ertzaintza. Todo parece indicar que las actuaciones de la policía solo se miden y se analizan en función de la persona que ha sido agredida. Si ésta es joven que rompe las normas de civismo que en estos tiempos son tan necesarias de mantener, la actuación de la policía es incuestionable, incluso habiendo vídeos en el que un mando ordena “Vamos a tirar a dar, vale?”, o una persona acaba hospitalizada con la mandíbula rota. Por el contrario, si es un delegado sindical quién recibe la agresión, se reconoce la necesidad de investigación de la propia actuación.

Me atrevería a decir que esto no es nuevo. Creo que como consecuencia de la violencia de motivación política en nuestro país durante muchos años la actuación de la Ertzaintza no ha podido ser examinada con rigor. El hecho de que en el informe de tortura y malos tratos del Gobierno Vasco existan 336 casos de malos tratos producidos por los agentes de la Ertzaintza en comisaría, y de que éstos no fueran investigados, demuestra cuál ha sido durante años la situación. De nada servían las denuncias que existían, éstas siempre gozaban de una sospecha generalizada. Y eso en cuanto a las actuaciones de la Ertzaintza en los calabozos de la comisaría, pero podríamos mencionar también las que se llevaban en las calles. Durante muchos años, un mantra de impunidad ha rodeado a las policías en general, y a la Ertzaintza en particular, que ha hecho una forma de ser y de actuar, que podríamos decir que impera actualmente en la propia Ertzaintza.

Ha habido intentos por parte de los actuales gobernantes de modificar esa Ertzaintza, entre ellos con el Plan Ertzaintza Horizonte 2016. Si no me equivoco el objetivo de ese plan era transformar una policía reactiva en una policía preventiva, una policía de proximidad o de cercanía (pasar de una policía que actúa una vez que se produce el hecho, a una policía que evita y previene que exista el propio hecho). Sin embargo, muy pronto se encontraron con la oposición de los sindicatos de la Ertzaintza, con constantes movilizaciones y presiones al propio Lehendakari. Bajo el pretexto de un conflicto laboral lo que en realidad se pretendía era no modificar el modelo de policía, que su forma y actuar continuaran igual que en los tiempos de la existencia de la violencia de motivación política.

Ahí es donde creo que es importante situar el debate, en la profundización democrática de las policías. Porque llevado a los extremos podemos encontrar dos tipos de modelos de policías: la autoritaria, que tiene una función represiva; y la profundamente democrática, que es la policía que se incorpora a la comunidad, que es de proximidad, y guiada por la labor preventiva. Estos son los dos modelos que se encuentran en los extremos, y a partir de ahí cada policía puede estar más cerca o más lejos de ellos, incluso siendo una policía democrática. ¿Y cuál es el tipo de modelo de policía que queremos tanto en la Ertzaintza como en las guardias municipales?

Cualquier transformación de este tipo de modelo de policía que deviene de otros tiempos resulta sumamente complicada, no solamente en la Ertzaintza, sino también en algunas de las guardias municipales. Y lo cierto es, que las policías se están convirtiendo en una especie de lobby o poder fáctico que hacen tremendamente difícil su transformación. Y esto, desde mi punto de vista, resulta extremadamente peligroso para una sociedad democrática, porque ha de ser la sociedad civil, representada en el poder político, quién debe decidir el modelo policial que quiere su país.

El modelo de policía de una sociedad tiene unas enormes implicaciones para la propia salud democrática de la sociedad. Es por eso que es necesario un gran pacto que transforme las policías, profundice en su democratización, en su transparencia, en el perfil de agentes, etc. En definitiva, caminar hacia una policía comunitaria y preventiva, que no prime el recurso a la violencia como respuesta, sino que esté orientada a la función preventiva de los conflictos sociales. Y situar los debates en términos banderizos y estancados de nada ayuda en esa dirección.

¿Y si hablamos del modelo de policía?

Navegación de la entrada